La moda del futuro ha llegado a nuestras vidas de la mano de la crisis sanitaria mundial. En estos momentos todo se cuestiona: cuántas colecciones han de crearse por temporada, el tipo de desfiles que vamos a experimentar a partir de ahora, la sostenibilidad de las prendas, etc. Todo está cambiando a un ritmo frenético, si el mundo de la moda ya se movía a 100 por hora ahora lo hace a 1000. En la moda del futuro, los desfiles, el gran escaparate de la moda, se debaten entre lo físico y lo digital; o en una fusión de ambos. Los compradores se debaten entre la compra online y la tienda física. El comprador busca una experiencia, no solo quiere ese artículo que le gusta, también quiere entrar en la tienda tocar, ver, oler esa prenda.

La compra tradicional sigue teniendo su público. Pero los cierres perimetrales, las mascarillas, etc ahuyentan a mucha gente de la compra física pero también de la compra online, muchos cliente no ven la necesidad de comprar ropa si apenas tienen vida social. En la moda del futuro, las marcas por su parte intentan cuidar al cliente que compra en la tienda física como el que compra online. Las empresas de moda que tienen una buena parte de clientela online están aprendiendo a utilizar todos esos datos que obtienen con cada click del cliente de internet para aplicarlos no solo en su tienda virtual sino también en la real. Parece que todo se acelera pero a la vez cada vez más clientes buscan prendas diferenciadas, experiencias de compra nueva.

Parece que el modelo anterior está acabado pero tampoco es así, los compradores buscan nuevas experiencias, pero a la vez siguen buscando la atención personalizada de un pequeño comercio. El futuro nos dirá hacia donde va la moda pero lo cierto es que estamos en un momento de catarsis, en un momento muy dinámico como el momento que estamos viviendo en la actualidad. Ojalá, esta situación sanitaria que nos está condicionando nuestro día a día en todos los aspectos, incluida la moda, nos deje un poso de consideración sobre la importancia de una moda sostenible, con una mayor preocupación sobre cómo y dónde se confecciona y que responda a las necesidades reales del comprador. Coquelot.